lunes, 24 de mayo de 2010

Adiós

Venía diciéndolo. Soy un falso. Me aprovecho de las ventajas de escribir en un papel cuando el cuerpo me lo pide y publicarlo cuando me da la gana, o dejarlo en el olvido. Seguramente ha sido el azar, ese en el que no creo, el que ha querido que hoy se cumpla un mes exacto desde que me levanté de la cama y empecé a escribir como nunca.

Nací en martes, el 28 de Septiembre de 1976. Me llamaron Javier y no Xavier, porque en aquel entonces aún había cierta alergia a los nombres catalanes por parte de quien hacía los registros civiles. Al poco de nacer me fui a vivir con mis padres, y cuando ya tenía superada la fase de incontinencia, empecé a ir a una guardería de la que, treinta años después, aún conservo el olor y el color. Y los tirones que me daba en el pelo el marco de la pizarra cuando me castigaban y empotraba el morro en aquel rincón. Cuando ya me había acostumbrado a perder pelo, me sacaron de allí y me llevaron a otro sitio; fui aprobando cursos, disfrutando de una primaria normal, a pesar de alguna que otra gilipollez que aún me avergüenza en la memoria. Pasé sin pena ni gloria por el instituto, me llevé mis primeras hostias - creo que no hace falta especificar más - y llegué a la universidad. Lo típico. Clases, mujeres y drogas mezcladas con alcohol.

Entonces, ya daba clases. Y hacía fotos. Y tocaba música. Lo sigo haciendo, tanto tiempo después. Son dieciséis años de los que, ahora mismo, no tengo ningún recuerdo bueno guardado en la memoria. No consta. Igual, si me esfuerzo, sale alguno. Pero seguro que es solo sobre esas tres actividades. Nada más. Parece que hoy esté más triste que de costumbre. Lo estoy. Porque lo han matado. Tanto tiempo buscando, para encontrarlo y perderlo en tan poco. Igual solo era un holograma. Debe ser un mito. No puede ser que exista. Que estupidez.

No se en qué momento exacto me dio por colocarme y escribir. Dicho así, debo parecer un monstruo abominable. Corrijo. No se en qué momento, colocado, me dio por escribir. Supongo que cuando me di cuenta de que necesitaba un interlocutor para seguir la conversación, que no se cansara de escuchar, o que no se quisiera tanto, o qué se yo. Cogí un bloc y mi pluma, y escribí. Miles, millones de palabras han caído desde entonces. En todos los blocs que me han acompañado en el camino. Y con la llegada de la tecnología, en documentos de texto. Y luego, este sitio. Porqué no, pensé. Me divertía la idea. Joder, cuanta conexión de golpe: correo instantáneo, blogs, redes sociales. Alguien sin cara con quien hablar sin abrir la boca. Un paraíso. El edén. Y una mierda.

Nada es necesario. A menos de que quieras entrar en un club donde abunden las mentiras. Lo siento, pero sigo preguntándome si con quien estoy hablando está realmente ahí o es otra persona. Persona. Bonita palabra. Las personas tienen que verse la cara. No basta con leernos o escucharnos. Yo necesito una cara. Aunque lo que vea no me guste o, peor aún, me destroce por dentro. Aunque me traiga a la cabeza ideas absurdas, las convierta en idiotas pesadillas para luego convertirse en realidad. Que putada. Es verdad que los sueños se convierten en realidad, doy fe. Los malos también. Y estas últimas siete noches han sido pesadillas constantes. Incomodidades, carnicerías psicóticas, miedos, pena, dolor, y luego, despertar. Creo que estaba mejor con el insomnio. Porque así, no despiertas habiendo vivido ya lo que está por venir, y puedes mostrar un poco de sorpresa cuando todo se muestra tal cual es. Vaya mierda. Pero si ya lo sabías. Estabas tan seguro que te daba hasta miedo reconocerlo en voz alta, por aquello del típico comentario del sí, claro, tú lo sabes todo.

Y ahora, en qué posición estoy. En qué me convierto. En un maldito premio de consolación? Si alguien lo sabe, que sea tan amable de decírmelo, porque yo no tengo respuesta. La tenía prevista, pero ha desaparecido. Ha huido. Y es una putada, porque era la respuesta buena. La que yo quería. Pero la muy hija de puta se ha ido. Me piro, y punto. Y aparte. No hay sentido. Por cierto, antes de que se me olvide; las palabras del día son justicia y merecer.

No se qué va a pasar ahora. Odio esta sensación. Mi agenda es lo que me mantiene en pie, y no tengo nada escrito para mañana. Sólo una llamada, y a esperar a ver que pasa. La semana ha ido así, no obstante. No moriré por esperar un día más para hacer lo mismo. O sí. Tengo este problema. A veces me da por esperar. Siempre he pensado que es por aquello de no presionar. Igual alguien lo ve como un signo de debilidad o inseguridad. Tampoco importa mucho ahora mismo. Lo que venía a decir. Me refiero a antes de la novela autobiográfica inconclusa. Dice Luis que el amor es matemáticamente un error. Cierto. Aunque solo sea por el hecho de que en matemáticas, el infinito existe. Y con lo otro, pues no. Empieza, hay un intermedio y luego, acaba. Como una reunión de trabajo. Algunos de mis "amigos" cibernéticos ya se habrán dado cuenta de que el amor ha desaparecido a estas horas. O no. Pero bueno, a diez por día, en una semana los ventilo a todos.

Y esto, a menos que me arrepienta en unas semanas, o me entre el mono del olvido, también se acaba. Aquí se queda. Punto y final. Era de esperar de mi, no? Un final de película. Ya no hace falta. Ha caducado. Igual me reinvento. Hago lo que todo el mundo, ponerme una máscara y hacer desaparecer mi cara. Si aquí, sin fotos, he mostrado la mía de tal manera y de tan cerca que ya ni puedo reconocerme a mi mismo. La parte buena es que he aprendido muchas cosas. La mala, que tiene que acabar. Al menos, por ahora. Seguiré escribiendo, eso sí. No puedo evitarlo. Igual abro un blog con una g de verdad y no a escondidas, con c, para que sea más poético. Y más difícil de encontrar. Y no pondré ni mi nombre en el perfil. Me invento algún pseudónimo enrevesado y escribo a lo Miller o Bukowski. O hablo de música, cine y fotografías, como todo el mundo. Igual pruebo con la poesía, que siempre se me había dado bien. Si me centro en la manriqueña, a lo mejor hasta le paso el http a mi padre, que ya está más puesto en tecnología y seguro que le encanta.

Pero por ahora, se acabó. Hoy, soy yo quien se va. Mi primera vez, que nervios. Estoy con eso de la maleta, que siempre es un dolor de cabeza. Ropa de invierno, de verano, cds, películas, la cámara, la guitarra,....uy! el bloc! El de verdad, el de papel. El de siempre. Tarde o temprano, seguro que también morirá. Es inevitable. Como algunas fotos viejas. Esas sabe más mal que mueran; las más nuevas, bueno, sólo es apretar un botón, aceptar y vaciar la papelera al instante. Y ya está. Si es que no hay nada como el papel. El ruido de una fotogafía al romperla. El crepitar de las hojas de un libro al pasarlas. El sonido de la escritura. Lo reconozco. Oir las teclas es hipnótico, pero prefiero esto otro.

Igual alguno tiene suerte y me encuentra. Si no, probad en otra vida.

Si la hay.


sábado, 22 de mayo de 2010

22/05/2010 0:11 - 2:26 156Km

No debería estar aquí. Hace ya rato que tendría que estar en otro lugar. Pero acabo de llegar a casa. 300 kilómetros de nada, para repartir abrazos. Hoy no me apetecía estar solo, y ellos, esos amigos, estaban lejos. No me importa. El viaje de ida lo he dedicado a la reflexión, la histeria y a evitar radares. Un par de horas más tarde, la compañía ha sido una llamada que no esperaba. De dos horas. Aún no sé los motivos de la llamada. Creo que, en el fondo, la he provocado yo, con ese mensaje. Sabía que habría respuesta, y me hacía falta. La respuesta, una charla, o un copiloto que me mantuviera despierto. Miento. Me apetecía hablar, si. Me apetecía hablar contigo. Lo que no me esperaba era que me acompañaras hasta llegar a casa, ni la mayoría de las cosas que has dicho. De verdad, no lo hubiera esperado nunca. Bueno, tal vez, con el tiempo. Pero no hoy. No ahora.

Y ahora, no se que decirte, cuando ya te lo he dicho, todo. Quizá no. Una parte, pero la importante. Estoy cayendo en la cuenta de que tampoco te he engañado. No pretendía subirte el ego, ni mejorar tu autoestima. Por lo que he visto esta noche, lo tienes todo en su sitio. Lo que sí pretendía era ser sincero, sobretodo en lo que se refiere a las personas. En ese sentido, todos somos iguales y no hace falta jugar a buscar las siete diferencias. A veces sorprende encontrarte con estos casos, que acaban demostrando que, en un momento u otro, el alumno se convierte en maestro. Ya no vale sólo con hablar. Ahora toca escuchar, independientemente de dónde vengan las palabras. Hay que prestarles atención, y luego procesarlas con cariño. Estoy en ello.

Por cierto. Tampoco mentía cuando te he dicho que si alguien se lo merece, esa eres tu. Por un sinfín de motivos.

Te lo has ganado.

Tienes mi respeto eterno.

martes, 11 de mayo de 2010

Preguntas

Insomne de nuevo. Como no. Era cuestión de tiempo que todo volviera a la normalidad. Alguno, incluso estará orgulloso de poder jactarse de mis copas, mis cilindros cancerosos adulterados y, por qué no, del porno. Pura patraña. Es simplemente la inquietud y el no saber estar en la cama lo que me ha hecho salir del retiro y seguir vaciando las botellas que quedan en el mueble-bar. Cada vez menos. Especialmente por el hecho de haber dedicado el fin de semana a hacer un pequeño inventario de escoceses y oriundos de Kentucky, a modo de cata compulsiva. Por no hablar de la única salida en estos dos días, al supermercado, a comprar más para cuando se acabara. Empiezo a no notar el escozor en el cuello, y a acostumbrarme al mareo que provoca el cóctel psicotrópico que tradicionalmente he utilizado para dormir y, en las últimas horas, para no existir durante un rato. O dos.

Luego está el tema de las preguntas sin respuesta. Me mandaron un correo no hace mucho, uno de esos de cadena que, normalmente, lanzo directamente a la papelera de reciclaje, aunque ésta vez empecé a leerlo, hasta que tropecé con una pregunta - qué tenemos que dar para recibir un abrazo? - y ahí, dejé de leer. Anoté la frase en mi pizarra, y esperé para darle respuesta. Antes de poder hacerlo, un amigo disparó otra; cuántos Dioses necesitan los problemas del mundo? Tampoco hay respuesta. No, por ahora. Y más tarde, otro músico escribió toda una canción con preguntas para las que no tiene respuesta y para las que yo no tengo paciencia para transcribir. Son demasiadas y no quiero pensar en ellas. Yo tengo la peor de todas. La de siempre. Esa a la que ya empiezo a adorar como a un ídolo, que aparece y se va para poder volver cuando menos la esperas para atacarte de nuevo y seguir hiriéndote de una forma inhumana hasta que ya no te quedan fuerzas para seguir en pie. Porqué?

Hay una serie de problemas matemáticos irresolutos conocidos como los Siete problemas del milenio, para los que hay un premio de un millón de dólares para el que sea capaz de resolver uno sólo. Si insisto un poco, tal vez las preguntas que vayan apareciendo podrán formar una nueva lista de incógnitas, con un gran premio para quien pueda dar aunque sea una única respuesta. Ya que las horas se reducen cada vez mas, dudo que tenga tiempo ni siquiera para empezar la puta lista. Cada minuto que pasa, me aleja más de las posibles respuestas. Y yo, que siempre he alardeado de ser paciente, empiezo a estar algo más que desquiciado. Hay un agujero negro absorbiéndolo todo, y temo que acabe por tragarme a mi también. En breve. Después de la publicidad. Y después, una despedida a lo grande. La que me dio por escribir hace algo más de un par de semanas y que, celosamente, dejé sobre el papel, esperando el momento oportuno de convertirlo en una reflexión cibernética. No se si llegará pronto, o se hará de rogar, pero se que el momento llegará, y que lo que dejé escrito terminará por ver la luz. Entretanto, seguiré aplazándolo, y seguiré saliendo de la cama a las tres de la mañana para encender el ordenador y soltar lo que me de la gana, sin ningún tipo de rencor hacia mi mismo. Bueno, tal vez un poco. Mi cabeza no me deja vivir, pero tengo que convivir con ella, a menos que se ponga de moda alguna operación de trasplante cerebral que me pueda convertir en algo diferente. Con no pensar demasiado, me conformaría.

El mejor ejemplo. Acabo de recordar una vieja canción de unos amigos. Ponen precio a todo/dicen que el día está cerca/en el que podrás comprar el amor/ a precio de manzanas y flores. Hay que decir que en su lengua original, la rima sonaba mejor. No se qué me ha hecho recordarla, hacía ya tiempo que no la escuchaba, pero ahora sigue dando vueltas e imagino que se quedará un tiempo, como tantas otras.

Y el día que se pueda comprar el amor a ese precio, no se, igual invierto en árboles frutales.



Posen preu a tot
diuen que el dia és a prop,
el dia que podràs comprar l'amor
a preu de pomes y de flors.

Mentre estan esperant
l'inevitable final
viure en bombolles de cristall
ningú s'atrevirà a trencar.

Gossos - Pinta un somriure