martes, 19 de enero de 2010

Hadas

Me divierte, que quieres que te diga. No hasta un extremo de retorcerme en el suelo con un ataque de risa estúpida pero, al menos, me entretiene. Era algo que tenía que llegar, tarde o temprano, y aburrido de buscar hadas por todas partes, siempre es bienvenida un poco de acción pasiva.

Recuerdo. La culpa es de las hadas. Por su silencio.Por su quietud. Por el efecto nocivo que tienen sobre el cuerpo sin vida de un corazón incorrupto que pasea inanimado por entre las sombras del olvido. Por estar en todas partes y en ninguna. Hasta por recordarme que, a pesar de ti, sigo aquí.

El aire que respiro me sabe a una mezcla de odio y resentimiento hacia esos capítulos que parecen acabados y que no acaban de cerrarse. Me gustaría pegarles fuego y observar, psicótico, como arden sin piedad, bajo la luz de una luna tan cómplice como culpable. Demasiados cambios. Demasiada velocidad. No da tiempo a hacerse a la idea de algo, cuando otro espectro se cruza en tu camino para amargarte la existencia y recordarte que, aunque no quieras, esta es la única realidad que existe. Los universos paralelos son sólo una teoría, aunque a veces desearía poderles echar un vistazo, por fugaz que fuera, para ver si en otra dimensión las cosas funcionan igual que aquí.

O me equivoco. La tensión va en aumento, el tiempo pasa y la cosa no mejora. Se va volviendo cada vez más oscura y difusa. Confusa. Cada vez que salto, me levanto sobre la silla y grito que ya basta, el silencio aparece durante diez míseros segundos y luego vuela a cualquier otra parte. Cualquiera dirá que tiene prisa. Si de tratos se trata, hice un pacto para que un grito tuviera efecto más tiempo y todo se apaciguara alrededor. Me siento estafado. Será que no estoy preparado para oír el eco de mi propio silencio.

Aunque de algo sí estoy seguro. La culpa es de las hadas.

Por su belleza.

Por su mirada.

Por aparecer cuando menos las esperas.